
Que dejen ya ese soniquete de las pensiones en el que siempre pagan los mismos o empezamos nosotras con nuestra retahíla.

Que dejen ya ese soniquete de las pensiones en el que siempre pagan los mismos o empezamos nosotras con nuestra retahíla.
Hacía tiempo que el rey no recibía a nadie. Pasaba día y noche jugando en la soledad absoluta de su cuarto. Solo permitía que llamasen tres veces a su puerta; un golpe cada vez. Escuchaba el «toc” y esperaba diez minutos antes de abrir y encontrar desayuno , comida o cena en bandeja de plata.
Comía y dejaba los restos del otro lado, sin ningún contacto con sus subditos.
Preso de lujos por decisión, no quería ni necesitaba salir. Era el rey solitario, le debían obediencia y el mundo tenía que girar en la dirección que había escogido aunque, siempre, lloraba su aislamiento.
LaRataGris
Era nadie. Se había fundido hasta ser paisaje. Con sus movimientos maquinales. Hasta el descanso era rutinario y frío, carente de significado.
-¿Jugaras hoy conmigo ? – Le dijo el pequeño a destiempo.
– No hemos programado esta diversión. En tres horas tal vez, – repasó la agenda – tengo un hueco.
– Nadie te necesitará en el infinito. La eternidad puede ser una carga pesada.
-Yo soy nadie- dijo extraño de tanta normalidad.
LaRataGris.
Era aún pequeño cuando aprendió a contar. Podía agrupar hasta veinte objetos sin esfuerzo; llegaba a treinta si se concentraba. El treinta y uno, al principio, se le escapaba.
Como no sabía hablar nadie se enteró de su proeza.
Creció y creció también su habilidad. Claro que superó los treinta y seis colores de su caja de lapiceros, los trescientos sesenta y cinco días de un año pasaron mientras él contaba los granos de arroz de cada paella, la arena del desierto, el número de estrellas que veía: las que se le escapaban, las vivas, las muertas.
Contaba horas, minutos y segundos; los latidos de su corazón, su ausencia: cero y murió demasiado pequeño como para poder ser algo más que una estadística.
LaRataGris

Como cada año pasa. La gente se siente eufórica, felicita la novedad, exorciza los malos momentos. Como si fuese tan fácil, cae un segundo y todo cambia.
Feliz año nuevo, aunque yo me mantendré en la neutralidad de continuar.
LaRataGris.